PALABRERÍAS

Blog de un adicto a la palabra.

5 Fortalezas y Debilidades del Método Snowflake

Como lo prometido es deuda, ahí va mi lista de reflexiones algunas positivas, otras no tanto, acerca del Método Snowflake, que hemos ido comentando en estos últimos posts:

FORTALEZAS

  • Permite trabajar sobre una idea de novela cuya coherencia y robustez ya estará a prueba de bombas -y de mil o dos mil revisiones por aquí y por allá. Así nos evitamos descubrir en la página 250 de nuestro primer, o tercer, o quincuagésimo borrador que nuestra historia no lleva a ninguna parte.
  • Permite tener una superestructura sobre la que realizar ajustes en la coherencia narrativa, sin tener que estar siempre volviendo páginas atrás, para retocar este personaje, aquella escena, este escenario, y así hasta que caemos en cuenta que el manuscrito que estábamos escribiendo es una mezcolanza de historias incompletas que se amontonan entre ellas.
  • Particularmente me gusta la idea de trabajar a partir de una historia en quince palabras. Incluso durante una temporada me dediqué a un ejercicio que era escribir series de historias en quince palabras en un minuto. Es un concepto muy minimalista, pero también eficaz y clarificador: si uno sabe donde se dirige, normalmente uno llega más rápido. O como mínimo no tiene la eterna sensación de estar deambulando como una escribiente alma en pena.
  • En mi caso, los pasos VIII y IX me han sido de gran ayuda para comenzar a escribir mi primera novela: Primero he pensado grosso modo en las escenas en las que se va a engarzar la historia, y, segundo, he comenzado a trabajar de acuerdo al siguiente modus operandi: 45′ de escritura ‘cruda’ del contenido de la escena. Al acabar esos 45′, en otra sesión paso a otra escena. Si la escena se queda a medias, simplemente tomo notas a continuación de lo escrito, o inserto algún comentario por aquí o por allá, o tomo algún apunte sobre algún aspecto sobre el que tenga que buscar información o ampliar detalles. Así la novela no se detiene y tampoco tengo que preocuparme demasiado por las finuras de la escritura inicial -de las que me encargaré cuando lleve a cabo el paso X, en el que ya acometa la novela en su borrador más o menos definitivo.
  • Finalmente, uno de los aspectos más positivos que he encontrado al usar el Método Snowflake ha sido el de poder aprender a pensar una novela. Escribir, todos podemos escribir cualquier cosa: un diario, un cuaderno de notas, un pequeño poema, algún cuento surgido de la chispa de la inspiración de un momento, y que normalmente mueren con la misma inercia que lleve esa misma chispa fugaz. Pero una novela requiere constancia, coherencia, y sentido, y a veces, en medio del proceso, la tentación de pensar lo contrario y abandonar es fuerte. Si uno tiene una hoja de ruta como la diseñada siguiendo los pasos del Método Snowflake, en un trabajo tan a largo plazo como el de una novela, la cosa se torna algo más fácil.

DEBILIDADES

Como no todo va a ser alegría en la casa del Señor, ahí van también algunas cosas que no acabo de ver claras:

  • En primer lugar, me provoca cierto repelús el concepto de ‘escena’. Me plantea una problemática sobre la que llevo cierto tiempo reflexionando. Los Renancentistas hablaban del ‘Ut Pictura et Poesis’ (Del retrato y de la poesía -es decir, la influencia del arte pictórico en la poesía); los Romanticos del ‘Ut Musica et Poesis‘, y ahora parece que el tema va de una poética sospechosamente contaminada por el cine. No digo que el cine sea una mala influencia: el principio del ‘Show, Don’t Tell‘ (Muestra, no Cuentes) no sería el mismo sin la presencia del cine, que en una captura de un segundo es capaz de contar el transfondo, motivaciones, debilidades y demás de un personaje de forma sobria y sucinta, cosa que en una novela podría durar páginas y páginas -además de otras benevolencias. Pero me parece sospechoso articular una novela en torno a ‘escenas’, llenarse la boca hablando de tramas, conflicto y plot points (puntos de trama). Me hace temer que llegue un momento en el que dejen de escribirse novelas directamente para pasar a escribir guiones. Es decir, en la poética moderna, sobre todo la que proviene del mundo anglosajón, no hay espacio para la digresión, ni para el monólogo, ni para una novela que simplemente cuente. Vale, nos encanta ver al personaje sometido a presiones, a aventuras, etc. Pero a veces, simplemente nos gusta leer historias de personajes que nos hablan sobre sí mismos y sobre sus vidas y sus sueños. O historias que tienen un ritmo muy suyo, y que directamente no tienen prisa por llegar a ninguna parte, porque (Alex dixit) no hay ningún sitio adonde ir. Y a veces, estas historias no llevan encima el dramatismo de un Jason Bourne, o un Tyler Durden. Como dice Martin Amis a propósito de una novela de Michael Crichton, parece que mucho novelista escriba con un ojo mirando a las ventas y el otro mirando a Hollywood (o a Bollywood, o a la próxima superproducción española).
  • Particularmente me cuesta bastante la parte de pre-pensar los personajes. Y es que aquí si que la naturalidad de la vida choca con el artificio: es decir, uno puede pre-pensar tramas, conflictos y demás, pero al fin y al cabo, los personajes se van tejiendo mientras viven. Es decir, nosotros les contamos, sí. Pero en verdad, ellos se cuentan a sí mismos. Dibujar un personaje antes de que comience a caminar… Sí, es posible. Sólo digo que a mi particularmente me cuesta bastante si no tengo la historia un poco en movimiento, sobre todo con los personajes más secundarios.
  • Estoy convencido que James Joyce, Tolstoy o cualquier gran escritor de tiempos pretéritos y presentes escribió grandes obras sin tener ni idea de lo que era una novela fractal, ni seguir los pasos que nosotros hemos dado hasta ahora. Eso no implica que el Método Snowflake no sea un invento útil, pero puede tener un peligro: nos podemos convertir en fetichistas de historias en quince palabras, en una página o en cuatro, y nunca escribir una novela. Es decir, trazar el mapa es una cosa. Caminarlo es otro. Y al fin de cuentas lo que de verdad importa es esto último.
  • Este cuarto punto me lleva a plantear otro peligro: convertirse en esclavo de una historia pre-pensada. Y es que en un punto en el que la historia sólo es embrión las posibilidades de incoherencia o falta de verosimilitud son grandes. El Método Snowflake nos puede ayudar a reducirlas o a ponerles coto, pero no a eliminarlas por completo. Eso nunca. Ni siquiera cuando hayamos acabado la novela, seguramente, estarmos libre de gazapos. Pero, leches, tampoco están libres de pecado las grandes novelas, ni las superproducciones de Hollywood -y si no que le pregunten al que le dio por llevar unos Levi’s debajo de la kilt en Braveheart. Lo importante es que demos un primer paso y lo demos bien dirigido, pero os advierto desde la propia experiencia: evitad todo perfeccionismo en la fase de arquitectura de la novela. Porque, al fin y al cabo, donde os tenéis que equivocar a rienda suelta es en el manuscrito que es la verdadera materia prima sobre la que podéis y debéis trabajar.
  • Por último, una reflexión tras leer The Sirens of Titans de Kurt Vonnegut. Hay veces que lees una novela y que tienes esa sensación de que el autor ha estado escribiéndola sin tener otra voluntad que disfrutar de lo que iba escribiéndose a cada paso. Es decir, una novela o cualquier historia es una cosa viva, y como tal, llena de sorpresas, capaz de mutar, de evolucionar por sí misma. El problema es desde la perspectiva desde la que la tomamos nosotros. Tenemos dos opciones, o mejor dicho, tres: desde la seriedad y rigidez del Eterno Escritor de Grandes Obras; desde el juego a-la-Cortazar; o desde la perspectiva Zen-in-The-Art-of-Writing de un Vonnegut, tranquilos, regodeándose en cada paso, dejándose sorprender eternamente por cada detalle y por cada nueva textura que adopta la novela, sin pretender que ésta llegue a ninguna parte, por que, como ya he dicho antes, no hay ningún sitio al que llegar. Más que al Horaciano ‘delectare et prodesse’ que es la naturaleza propia de contar historias.  Deleitar y entretener.

Espero que esta serie de posts os hayan servido.

Un saludo, palabreros.

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Martes agosto 28, 2007 Posted by | El Arte de Palabrear | 1 comentario

(Por fin…) Método Snowflake X

Efectivamente, amigos: si hemos ido siguiendo los pasos marcados desde el inicio por Randy Ingermanson en su Método Snowflake, tendremos definida a escala grande la arquitectura en la que se ha de basar nuestra novela. A partir de aquí, sólo queda un último paso: escribirla. Escribir nuestro borrador definitivo al hilo de la estructura en la que basaremos el desarrollo de los capítulos y escenas o episodios, parando puntualmente para ir retocando aquellas cosas que no acaben de cuadrar al hilo de lo que vayamos escribiendo (con el soporte que nos proporciona todas las notas previas sobre las que hemos comenzado a pensar la novela para darle concreción).

En este apartado, nuestra preocupación deja de ser la estructura a gran escala de la novela, para comenzar a tomar decisiones ‘operativas’ o lo que en argot empresarial o deportivo se llamarían decisiones ‘tacticas’: una vez todo el mundo tiene claro su papel y funciones, una vez cada elemento tiene su rol y su motivo en la estructura general, llega la hora de actuar y de tomar decisiones de forma individual que mantengan el funcionamiento del todo orgánico.

Por ejemplo, es el momento de decidir de dónde va a sacar Zacarías la pistola con la que asesinará a su compañero de facultad que le ha estado birlando la chica de sus sueños delante de sus  narices. Y cosas así. En otras palabras, ya hemos previsto que Zacarías asesina a su compañero. Ahora es tiempo de regodearnos en los detalles y en la lógica interna (o verosimilitud) de la historia.

Puede ser que en algún momento, seais testimonios de la intromisión de un nuevo personaje, o que surja una nueva vía en la trama que no había asomado en el diseño previo. Os recomiendo que toméis notas al respecto y hagáis una pausa en algún momento de la historia para determinar si es vital incluirlos en la novela. Y si es así, aprovechad la estructura que ya tenéis pre-establecida en los diferentes pasos que habéis ido siguiendo. Pero intendad que la historia siga su curso. No la detengáis. Pausas, sí. Pero en el camino.

Un aviso para navegantes (basado en la propia experiencia): ojo con las mutaciones incesantes y las innumerables nuevas vías que se puedan abrir para vuestra novela -os podéis encontrar como me ha pasado a mí: la novela inicial no tiene nada que ver con el esqueleto de la novela final. En tal caso, tendréis que plantearos si vuestra novela tal y como la habéis prepensado tiene consistencia o mejor pasamos a otra cosa (como en varias ocasiones he tenido que hacer yo). En todo caso, evitad sentir que habéis perdido el tiempo – todo y que la tentación de hacerlo es siempre poderosa…

He leído en algún lado una anécdota acerca del creador de Bugs Bunny y otros personajes de los Looney Tunes. Cuentan que la primera clase de dibujo que tomó fue un auténtico caos. El profesor llegó tarde, los alumnos estaban haciendo el gamberro y nadie estaba muy por la labor de lanzarse a dibujar. Cuando llegó el profesor, atabalado y ofuscado por su retraso, no hizo nada. Se quedó observando, en silencio a la clase, hasta que todos fueron quedando callados, sorprendidos por la aparente pasividad del profesor. Cuando todos comenzaron a prestar atención, el profesor simplemente les dijo: “¿Qué hacéis parados? Cada uno de vosotros tiene cientos de malos dibujos que sacar de ahí adentro. Así que ya podéis empezar.”

Si os encontráis que habeis escrito y preescrito vuestra novela mil veces, pensad que quizás aún os quedan mil malas historias que purgar de vuestros adentros hasta encontrar aquella que verdaderamente os haga seguir adelante como una flecha. Mientras tanto, paciencia.

Y esto es todo. Ya tenéis los diez pasos con los que poder realizar un diseño que evolucione desde una historia en quince palabras hasta una novela. A partir de aquí, es trabajo de todos y cada uno descubrir si este sistema os es de utilidad o no. Sacad vuestras propias conclusiones.

Las mías, os las cuento en un próximo post.

Un saludo, palabreros.

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Sábado agosto 25, 2007 Posted by | El Arte de Palabrear | Deja un comentario

Método Snowflake IX

Estamos a un sólo paso de completar el proceso de diseño previo de nuestra novela. Haciendo un breve resumen de los posts anteriores vemos que:

1) Hemos escrito nuestra historia en una frase de quince palabras.

2) Hemos estirado la “historia en quince palabras” a “historia en un párrafo“, dónde hemos comenzado a pensar en los vericuetos que seguirá la novela a grandes rasgos.

3) Hemos comenzado a visualizar los personajes y a darles nombres, así como también les hemos proporcionado sus propias “historias en quince palabras”, sus motivaciones, sus objetivos y sus conflictos.

4) Hemos cogido cada frase de nuestra “historia en un párrafo” y la hemos estirado hasta convertir esa frase única en un nuevo párrafo que nos ha dado una hoja completa con una sinopsis más detallada de nuestra novela.

5) Basándonos en el paso 3, hemos aprovechado los primeros retazos de nuestros personajes y los hemos hecho crecer hasta descripciones de una página para los principales o de media para los secundarios.

6) Hemos cogido la “sinopsis de una página” (paso 4) y la hemos estirado a una “sinopsis de 4 páginas“, alargando cada párrafo hasta convertirlo en una página describiendo cualquiera de los puntos de trama que hayan ido evolucionando.

7) Hemos dado una última vuelta de tuerca a los personajes y hemos entrado en concretar con más detalle aspectos de sus vidas, como fechas de nacimiento, tics, historia vital, etc…

8 ) En el post anterior a este, vimos como realizar un listado de escenas a través de las cuales los personajes y nuestra sinopsis iban a concretarse en una historia más o menos articulada.

A partir de este paso, el 9, la cosa ya se pone seria. Y es que, aunque Randy Ingermanson dice que él ya no realiza este ejercicio, yo lo he encontrado especialmente útil para el desarrollo de mi novela. Me explico: este paso consiste en aprovechar el listado de escenas que hemos apuntado en el paso anterior y comenzar a trabajar sobre ellas. Se trata de aprovechar las descripciones de las cincuenta, sesenta o cien escenas pre-pensadas como eje de la novela y comenzar a desarrollarlas en varias hojas, esquemáticamente si se quiere, sin parar mucha atención al estilo, e insertando piezas de diálogo o descripción de sitios que nos ayuden a visualizar lo que queremos decir en todo momento. También es interesante comenzar a plantear en este ejercicio los posibles conflictos que puedan surgir para cada escena (ej. en esta escena Marla se da cuenta de que su marido está atravesando una pequeña crisis personal y que ella no está haciendo nada por ayudarle). El proceso puede durar una semana, según Randy, aunque en mi caso tengo claro que va a durar algo más -un mes más o menos, si cumplo con el calendario marcado. En el caso de Randy, el resultado fueron 50 páginas (aunque creo que se pueden estirar a bastantes más si nos ponemos).

Ahora sí, comienza el trabajo real. Y es que desde mi punto de vista, lo que encuentro interesante de este ejercicio es que permite comenzar a tejer la novela, ni que sea en crudo. En mi caso, lo que he hecho es comenzar a escribir el borrador de la novela a partir de las lineas en las que he ido desgajando cada escena. Esto se puede hacer con unas pocas lineas en las que finiquitar cada escena – una media página o página por escena- o en escribir la escena en sus rasgos más generales para poder ir dando luego pinceladas en un segundo y último (o no) borrador (ocupando unas cuatro o cinco páginas por escena).

En el caso de Randy, nos avisa que él ya no realiza este ejercicio porque no lo encuentra necesario. Además, advierte que hay un peligro inherente a este paso: es aquí que la sinopsis deja de ser una idea generalista que suena bien en nuestra cabeza, para convertirse en una historia que desparramamos encima del papel; y es aquí donde puede ser que nos demos cuenta que nuestra historia, que tenía una cierta consistencia en nuestra cabeza, tiene en verdad una textura un tanto viscosa y repelente que no cuaja por ningún sitio.

Yo os animaría a hacer este paso, simplemente por el hecho de que, si de verdad queréis escribir esa novela o lo que sea, al hacerlo estaréis un poco más cerca del final. Y si en el camino han surgido dudas, incongruencias, problemas o simplemente no le veis el sentido, mejor que surjan ahora y no cuando estéis en la página 199 de vuestro borrador que ha ido avanzando a trompicones y que no hay por donde cogerlo.

Una última recomendación: se trata de no detenerse demasiado en los detalles. Programaros, por ejemplo, una sesión de trabajo de una hora por escena, o de media hora por escena. Y si en ese tiempo no habéis lanzado sobre el papel todo lo que consideráis necesario recordar para luego lanzaros al borrador definitivo, entonces hacer un pequeño resumen esquemático, o anotar en los márgenes lo que falta y lo que puede ser necesario. Y pasar a trabajar sobre la siguiente escena.

Espero que este paso os sea de ayuda. Ya estamos un poco más cerca del final, que no deja de ser el principio: ese momento en que nos lanzaremos con uñas y dientes sobre la escritura de la novela de una vez por todas.

Espero vuestros comentarios, palabreros.

Un saludo.

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Miércoles agosto 22, 2007 Posted by | El Arte de Palabrear | Deja un comentario