100 Libros en 10 años
Vale, no tengo ni idea de lo que va a pasar de aquí a diez años. Pero me gustan este tipo de tonterías. O no tan tonterías.
Llega un momento en la vida de todos que las cosas no cobran sentido si uno no comienza a ponerle límites. Hay gente que por desgracia o por suerte tiene o ha tenido esto más claro que yo, pero cuando ves que otra decada se asoma por la calle y viene correteando al grito de ‘yujuuu, soy tu treintena‘, uno comienza a pensar que la vida no dura para siempre, y que hay poco, muy poco, tiempo y mucho por hacer.
Pero one step at a time, que diría aquel.
O quizás prefiera algo así como -la más larga caminata comienza por un primer paso.
El hecho es que a mí me gustan las largas caminatas -quienes me conocen lo saben, muy a su pesar, me temo. Y también saben que durante mucho tiempo he querido hacerlas en un sólo paso. Y sin mapa -con dos testigos o como fuera que lo decían en la Grecia antigua.
Así que quiero crearme mi propio mapa de lecturas para los próximos diez años. Algo así como mi canon personal pero sin esa horrenda palabreja -canon, que me suena a Alejandrías quemadas; algo así como mi lista imprescindible de 100 títulos que me llevaría a una isla desierta -aunque tendrían poco uso ya que hace tiempo que dejé de comer papel y las letras, ya lo dijo Valle Inclan no son más que ‘colorín, pingajo y hambre’ – sobre todo en una isla desierta; o, por último, algo así como un intento de reducir el mundo de los libros a una pequeña lista de ‘mis irreducibles‘ -aquellas lecturas mínimas imprescindibles o no para entender lo que pasa a mi alrededor, o para entenderme a mí, o para no entender nada en absoluto.
Así que os quiero pedir una pequeña ayuda: necesito que me recomendéis libros que puedan pasar a formar parte de esta biblioteca esencial que me ha de tener ocupado los próximos 10 años. Prometo que os haré llegar la lista definitiva, e iros comentando los avances en su realización a medida que se vayan cumpliendo.
He dividido una primera lista inicial en las siguientes categorías:
- Literatura Española
- Literatura Hispanoamericana
- Literatura Catalana
- Literatura Inglesa
- Literatura Norteamericana
- Resto Literatura Habla Inglesa
- Resto Literatura Europea
- Literatura Postcolonial
- Un 20% sorpresa-sorpresa (la literatura es un fenómeno cambiante, y no, no quiero quedarme agarrado a los clásicos de toda la vida, ni pienso re-leer a Jane Austen).
- Un 10% cajón de sastre para lecturas que no caigan en la ficción -cada vez más me interesa el tema de los últimos descubrimientos de la ciencia, o de personas como Gandhi, o filosofías como la budista o hinduista, así que, ¿por qué no darles cierto protagonismo?
¿Alguna sugerencia en cuanto al orden de categorías? ¿Algo que añadir, que diría el juez?
Estoy abierto a vuestras propuestas -diríase que soy vuestra marioneta lectora. Y con sumo gusto y placer.
Sólo una cuestión: mi idea no es, ni mucho menos, acabar muriendo en los mismos males de siempre. Sí, es cierto, quiero que en la lista esté el Quijote, pero me da igual si está, por ejemplo Hemingway (más bien, me sobra Hemingway, pero no me sobra, por ejemplo Don DeLillo). No se si me explico…
Y repito: no quiero ver ni en pintura a Jane Austen -me se de alguna profe mía que se va a horrorizar sobremanera si algún día lee esto, más que nada porque una vez ya has leido Sentido y Sensibilidad, Orgullo y Prejuicio, y demás, uno queda un poco cansado de narrativas de jovenes casaderas. Aunque una cosa si que le voy a reconocer, como escritora estilista habrá pocos escritores y escritoras como ella. Ahora y en el futuro.
Pero es tiempo de nuevas sugerencias.
Estoy en vuestras manos palabreros.
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Para siempre.
El pabellón está alto, según lo deja mi amigo Jorge. Pero intentaré estar a la altura en esta respuesta al CrossBlog Fighting iniciado días atrás.
Espero que les guste.
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“Dicen que cuando alguien muere, su espíritu permanece cerca de las personas queridas hasta que estos aceptan su pérdida.” ella le decía. Bajaban por esas mismas escaleras de la estación del metro en la que él ahora se sentaba, esperándola.
Si se ponía a pensarlo, no recordaba desde cuando llevaba allí. Tenía la sensación de haber estado sentado en ese mismo lugar toda la vida, deseando que en cualquier momento su cara pálida y bella se perfilara entre las texturas asimétricas de la multitud.
“Neil tenía un perro.” ella le seguía contando “Cuando el padre murió no hacía más que retozar en la esquina en la que su padre se sentaba a leer novelas de folletín. Un día el perro dejó de volver a la esquina. Y todos supieron que el padre les había dejado. Definitivamente.”
El mármol de la pared era frío, tal y como recordaba haberlo sentido durante tardes enteras. Recordó que siempre que la veía venir se incorporaba de un salto, la esperaba de pie en el escalón superior. Ella, que venía del pasillo inferior, siempre quedaba por debajo de su pecho, donde apoyaba su cabeza recogiéndose en sus brazos.
A su alrededor podía sentir como la gente correteaba y levitaba, llevando vidas ajetreadas. Para él, el mundo se detenía en su abrazo, y en la calidez de su cabeza apoyada en su pecho, notando como su respiración le transmitía todo el calor que necesitaba.
Nadie parecía reparar en su pequeño paraiso de felicidad y ternura.
Ahora, la gente seguía correteando y levitando y huyendo de rutinas que les estrujaban los corazones y las risas. Como antes, nadie parecía detenerse a observar a ese extraño melancólico de mirada perdida que esperaba en la esquina de las escaleras.
Caras y más caras y abrigos y charlas difusas se entrecruzaban delante de sus ojos, y él no hacía más que recordar su voz, mientras le hablaba de los caprichos del olvido.
Estaba allí porque sabía que era el único sitio en el que podría reencontrarla.
Un día, tras mucho esperar, un sudor frío recorrió su espalda. Se levantó, como se había levantado para recibirla a ella tiempo atrás. Pero esta vez, ella no venía. Caras y caras uniformes y anónimas se agolpaban como fantasmas a su alrededor.
Miró hacia abajo, al pie de las escaleras, y a su alrededor. Congeló en su retina el instante, y por una inercia que no supo explicarse se volvió a la pared en la que había estado apoyado, en cuya losa azul dibujó un surco enrevesado.
Después se fue, dejando atrás su rincón vacio, en aquella escalera, en aquella pared.
Al día siguiente, a la misma hora, el vaho salía y entraba de las bocas de los transeúntes que se agazapaban en el metro, protegiéndose de la mañana fría.
Al cabo de unos minutos ella apareció. Alguien que ya no era él la esperaba en lo alto de la escalera. Ella se apoyó en su pecho y por esos caprichos del azar en los que la fatalidad gusta de travestirse, miró en dirección a la pared.
A través del vapor que exhalaban las bocas jadeantes que transitaban el metro, pudo ver el mensaje que se había condensado en las racholas.
Te esperaré.
Entonces ella supo que él, por fin, la había dejado.
Para siempre.
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Muy señor mí: su turno.
Alex
La esperanza duele
Hoy venía a casa con el corazón roto.
Por suerte, encuentro este video y me doy cuenta de que siempre hay esperanza. Y de que esa esperanza somos nosotros.
Aunque la esperanza duele. A veces demasiado.
Tu voz, tu firma, tu protesta -cuentan.
Hazlas correr.
