Los Peligros del Lenguaje
Leo sendos artículos en La Vanguardia de hoy que me ponen en alerta acerca de los peligros del lenguaje.
El primero, es un artículo de opinión que viene firmado por Remei Margarit, con título “La Mesura del Lenguaje”. En él, se habla del peligro del lenguaje como compulsión, a costa de imponer la peregrina teoría del “si no hablas no eres nadie”.
Os cito un fragmento del artículo:
“Hablar por hablar, sin necesitar respuestas ni interlocutor, también puede ser un mecanismo para defenderse del miedo a dejar de existir. Existe una clase de confusión que otorga al habla y a los sones que salen de ella la confirmación de la propia existencia, la cuestión sería: ‘Hablo, luego existo’”
El artículo utiliza el ejemplo de los programas del corazón y sus tertulias, llamémoslas así, en el que el uso del lenguaje con decibelios se convierte en el arma arrojadiza más barata y efectiva (ya se sabe que utilizar los puños tiene sus consecuencias, que para eso somos una sociedad civilizada…). Y en medio de todo el artículo una pequeña perla:
“Hablar no es sólo articular palabras -los loros también las articulan- sino ser consciente de que se está ante otra persona que escucha y debe responder a un intercambio de pareceres”.
Lo que me lleva al otro peligro que plantea el lenguaje hoy en día. Y es que leo, también en La Vanguardia, que Corinne Maier, autora de Buenos Días, Pereza, acaba de publicar un libro en el que desenmascara a los intelectualillos de tres al cuarto que tratan de encaramarse en los panoramas de la reflexión y dialéctica ideológica de hoy en día disfrazando su falta de talento tras el lenguaje. No es éste un mal exclusivo de nuestros días, puesto que el fariseismo intelectual siempre ha existido, pero si que el ejercicio de Corinne parece un intento interesante de denuncia a la j’accuse que merece la pena seguir. Y es que la democracia, con tantas cosas buenas que tiene, también hace accesible los vicios de los intelectualoides y de la cultura a cualquiera que quiera posar en la foto, y el lenguaje se convierte en el mejor medio para ello -de nuevo, porque es barato y efectivo: nada más hace falta un diccionario y algo de buena memoria, además de un sentido de falta de propiedad, decoro y empatía.
Ahí van algunas perlas del libro:
“En una escena, un candidato a ello [faro cultural], pregunta a una experta: ‘Y en sus simposios y revistas ¿cómo se saluda la gente? ¿cómo se dice ”hola”?. Su interlocutora, con el ceño fruncido, le responde: ‘¿Se refiere usted al protocolo de cortesía que codifica las interrelaciones entre locutores y alocutarios?’”
O por ejemplo,
“…No digan más cosas como ‘no estoy de acuerdo’ (es mejor “este paradigma es controvertido”)”
Hilarante. Me recuerda a la mujer de Woody Allen en Granujas de Medio Pelo, que de paleta deriva a aspirante a snob con clase por medio de la compra indiscrimindada de obras de arte y la violación más burda del diccionario, empezando por la A hasta llegar a la Z.
Me parece interesante la reflexión acerca de los peligros del lenguaje en un blog como este, dedicado a las palabras. Y es que utilizarlas es fácil, está al alcance de cualquiera, también de los loros. Pero hacerlo con gusto y buen uso es quizás el ejercicio más complicado. Y es que en el medio estás, virtud, como dijo el amigo Aristóteles: entre la verborrea más desenfrenada y bastarda, monologante y egoista, y el disfraz locuaz y vácuo, también monologante y también egoista.
Es por ello que se echan de menos personas como Lázaro Carreter y su libro El Dardo en la Palabra, alguien que se ocupe de perseguir las atrocidades que se comenten en el lenguaje, que de tan expuesto parece inmune y no lo es. Por eso quise llamar a este blog Palabrerías, porque creo oportuno que volvamos la atención sobre el lenguaje, que dice tanto de nosotros. Y por eso apuesto por una vuelta a la sencillez y a la escucha, al diálogo abierto en el que las voces vuelvan a la melodía y se olviden de la estridencia. En el que usar palabras se convierta en un ejercicio de tender puentes de doble dirección con los demás.
Es por ello que estáis constantemente invitados a participar con vuestros comentarios, palabreros.
Un saludo.
Semana de los Libros Censurados
Leo que la ALA (Association Library of America) celebra esta última semana de septiembre la BBB (Banned Book Week) o Semana de Libros Censurados. La inciativa trata de luchar contra las restricciones impuestas contra la libertad intelectual y artística, algo que parece intrínseco a la cultura de la doble moral de los yuesei, de la que no vamos a hablar aquí.
Porque no todos los diablos corretean por Arkansas y Washington, me temo… Y es que a raíz de la noticia que leo aquí, y tras visitar la página de la ALA http://www.ala.org/ala/oif/bannedbooksweek/bannedbooksweek.htm, me viene a la cabeza el episodio de hace unos años con el libro Todas Putas, de Hernan Migoya. O el reciente caso de censura al crítico Ignacio Echevarría en el diario El País.
Y es que el ámbito de lo políticamente correcto, o de lo políticamente partidista cuando interesa, diría yo, se extiende con la misma celeridad que un cáncer en un tejido joven. Es injusto que un escritor sea juzgado por pasajes de su libro en que sus personajes hablan, opinan, viven y actúan de acuerdo a sus propias normas (cada vez más, me temo, que el autor poco puede hacer al final por controlar a sus personajes, ya que estos están demasiado sedientos de vida como para dejar que un mindundi les coarte una vez les ha dado voz -sería interesante a este respecto estudiar la evolución de la relación Autor-Personaje desde Niebla de Unamuno a la narrativa de principio de este siglo), que pocas veces tienen que ver con la perspectiva vital que pueda tener el autor de carne y hueso que bebe cerveza, come hamburguesas, padece insomnio y opina que la política cada vez está más lejos de los ciudadanos, y que los ciudadanos cada vez creemos menos en la política.
Ese autor, digo, es diferente al personaje o al texto. Luego el criterio para criticar un libro, o un escrito debiera ser exclusivamente literario. En términos de gusto estético si se quiere. Argumentando que el libro es un chasco porque la borrachera de desprecios, lenguaje soez y/o situaciones de vulgaridad manida se hacen insoportables para su lectura. Pero no porque adhiramos lo que el libro dice con lo que el autor piense.
Es por ello que censurar un libro o cualquier obra creativa en general, en una sociedad que se jacta de libre y tolerante no puede sino provocar un cierto regusto amargo, cuando no una rabieta apologética contra los maquiavelos socio-políticos que no dudan en usar la voz de los escritores para verbalizar sus teorías y llegado el caso, sacralizarlas, corrección y asepsia expresiva mediante, para luego demonizar a aquel escritor cuya voz narrativa dibuje lienzos que no van con el paisaje politico-correcto del momento.
El problema es que, me temo, muchas veces son los mismos escritores quienes se prestan a tal connivencia, con silencios algo más que complices. ¿Para qué? Ah, el precio de la fama es a veces tan asequible… Sólo requiere unos pocos sacrificios. (A buen entendedor…)
Y así, nos encontramos en una situación en que la textura creativa en nuestro país es rica, aparentemente libre, pero de repente se producen espantás como las que he referenciado, y que aunque pensemos que ésto sólo pasa en los EEUU, también aquí hacemos nuestros pinitos con la censura de marras.
En ese momento, por eso, sí que sale todo el mundo a llenarse la boca con lo de la libertad de expresión, y demás bandurrias. Lo que me plantea: ¿Sólo los yankis ejercitan la doble moral?
Cuestion de vigas ajenas y pajas en ojos propios.
Por cierto, respecto a la Banned Book Week -un par de ironías.
1) Google apoya y colabora en la BBB, cosa que contrasta su actitud sumisa ante la censura impuesta por el gobierno chino para poder operar en el país oriental (no discuto si es correcto o no, me llama la atención, simplemente, aunque creo que Google en el fondo sabe lo que se hace -narices, mi cuenta es de gmail, utilizo el google reader, el google notebook, y el google en aceite, así que…)
2) Veo que entre los 100 libros censurados entre el 1990 y el 1999 figura el American Psycho, de Bret Easton Ellis. ¿Alguien podría decirme por qué? Por mucho que pienso en ello, no acabo de encontrar un motivo… (LOL)
Un saludo, palabreros
Rastreando por ahí: un poco de todo bajo demanda
Ahi os dejo unos enlaces muy interesantes de la blogosfera literaria y/o libresca en nuestra lengua.
- Cuchitril Literario – muy completo. De lo mejorcito referente al palabreo literario en nuestra lengua.
- Libros y Bytios - Blog de J. A. Millán, un clásico en la red referente a los libros -una página con mucho jugo, creedme. J. A. Millán ha sido siempre una persona muy preocupada por los libros y la adaptación a las nuevas tecnologías. De hecho fue de los pocos en el país que habló de la Edición Bajo Demanda cuando en el mundo sajón esta industria ya comenzaba a desarrollar músculo de adolescente sobrehormonado (aquí, me temo, aún estamos en pañales a este respecto).
- Publidisa – Ya que hablamos de Edición Bajo Demanda, os referencio una de las primeras empresas que trajeron a este país este novedoso sistema de edición. Es recomendable para aquellos que estéis pensando en la posibilidad de auto-editar vuestro libro, o escritos. Las condiciones son excelentes, y el trato inmejorable. Es una buena muestra de que la tecnología no tiene porque comerse al libro, sino que puede estar al servicio de éste. La calidad de las ediciones son muy buenas, y ya están trabajando para editoriales como Espasa-Calpe y otras, haciendo tiradas cortas de libros que ya no tienen suficiente salida como para realizar tiradas de 2000 o 3000 copias.
Espero que disfrutéis del rastreo de la semana.
Un saludo, palabreros.
